Aunque persista la idea de que las personas que van a terapia “están locas”, la realidad es que normalmente los psicólogos atendemos a personas corrientes que se enfrentan a situaciones comunes de la vida, como por ejemplo, la pérdida de un ser querido.

El término duelo tiene diversos significados. Lo utilizamos para indicar la experiencia de la persona que ha perdido a un ser querido. También se puede aplicar a otros tipos de pérdida: de pareja, de empleo, de salud,… Otro significado se refiere al proceso por el que pasamos hasta adaptarnos a la pérdida de una persona amada.

El duelo abarca un amplio rango de sentimientos que pueden ir desde la pena profunda hasta la sensación de liberación. El proceso de adaptación a la pérdida puede variar drásticamente de una persona a otra en función de la relación que tenía con el fallecido, las circunstancias de la muerte, la edad del difunto y otros factores como las pérdidas previas o la fe.

Sentimientos, pensamientos, comportamientos

Normalmente asociamos el duelo con sentimientos de tristeza, añoranza, culpabilidad, rabia,… Algunas personas pueden sentirse incapaces de sentir y experimentar la vida como un sinsentido. Otras se verán aliviadas. Las emociones a menudo nos sorprenden por su intensidad y pueden confundirnos cuando, por ejemplo, añoramos a alguien con quien manteníamos una relación dañina.

Los pensamientos durante el proceso de duelo pueden ir desde “cómo ha podido pasar” a cuestionarse

Aunque no hay una forma correcta de experimentar una pérdida, algunas actitudes y comportamientos pueden resultar de más ayuda que otros.

Aunque no hay una forma correcta de experimentar una pérdida, algunas actitudes y comportamientos pueden resultar de más ayuda que otros.

obsesivamente sobre lo que se habría podido haber hecho para evitar la muerte. Algunos mensajes pueden consolar (“tuvo una buena vida”) o angustiar al doliente (“se ha ido muy pronto”). Este ir y venir de pensamientos es un intento de dar sentido a la pérdida.

Las personas que atraviesan un duelo pueden pasar del llanto a la risa, de compartir sus sentimientos a aislarse en actividades solitarias. Algunas personas se encuentran cómodas en compañía de otros, especialmente si estos también han pasado por una pérdida, otras preferirán estar a solas con sus sentimientos.

 El proceso de duelo

Aunque cada uno de nosotros pasa el duelo a su manera y se toma el tiempo que necesita, diversos autores han intentado abordar este proceso como si fueran etapas, otros como si fueran fases y algunos hablan de tareas del duelo. En general, todos están de acuerdo en que en el duelo se observan diversos momentos: shock, negación e ira, pena, la elaboración en sí misma y reparación.

Este proceso no es lineal, es decir, las personas van y vienen de un momento a otro. El duelo se da por acabado cuando se ha pasado por todas las fases, cuando podemos pensar y hablar de la persona difunta sin un dolor extremo y cuando volvemos a interesarnos por lo que nos rodea.

Algunos retomarán sus actividades habituales en seis meses, aunque sigan teniendo momentos de tristeza. Otros se comenzarán a sentir mejor más tarde, y, a veces, algunas personas pasarán años desconsoladas.

 El duelo se complica

Uno nunca se recupera del todo de una pérdida pero el tiempo mitiga su intensidad. Hablamos de duelo complicado cuando este proceso interfiere en el funcionamiento habitual de la persona, cuando se extiende en un largo periodo de tiempo, cuando se inicia tiempo después de la muerte, cuando la intensidad del sufrimiento incapacita a la persona o ésta presenta síntomas físicos y psicológicos sin ser consciente de la relación que guardan con la pérdida.

Los síntomas del duelo complicado son casi idénticos a las reacciones normales pero se diferencian en intensidad y duración. Aunque cada uno necesita su tiempo y siente a su manera, cuando el malestar emocional no encuentra alivio, hace un año o más que la persona se siente así y el dolor impide volver a las actividades cotidianas, hay que considerar que el duelo se esté complicando.

El duelo nos propone a volver al día a día conviviendo con la ausencia.

En resumen, enfrentarse a la muerte de un ser querido es una cuestión muy compleja y se vive de muchas formas diferentes. Salvo casos concretos, todas las reacciones ante la pérdida son igual de válidas y deben aceptarse.

A menudo, elaborar una pérdida es una tarea complicada y puede requerir ayuda profesional. En otra entrada os explicaré cómo ayudamos los psicólogos a las personas que pasan por este proceso.