Luis Salar Vidal

Psicólogo

Etiqueta: salud mental

Depresión en la adolescencia

La depresión es un trastorno que puede darse en todas las edades, también en la adolescencia. Es importante que los padres puedan detectar su presencia ya que un diagnóstico y tratamiento precoces disminuyen su posterior aparición.
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Según la OMS, la depresión es la primera causa de enfermedad y discapacidad entre los adolescentes.

Aún hoy existe el mito de que la adolescencia es una etapa feliz y libre de cargas. Pero lo cierto es que la depresión también puede arrancar en la pubertad pasando desapercibida.

No hay datos oficiales de cuántos menores están deprimidos. Según la Sociedad de Psiquiatría Infantil, en España, la prevalencia del trastorno se sitúa en torno al 6% en adolescentes,

Algunas entidades dedicadas a la salud del menor afirman que atienden ahora a más chicos. Además, si tiempo atrás los jóvenes consultaban sobre los 20 años, ahora la mayoría de adolescentes piden ayuda entre los 13 y los 15, siendo las chicas el doble que los chicos.

Los cambios en las estructuras familiares, el aumento de las desigualdades económicas por la crisis y las diferencias entre expectativa y realidad podría explicar este incremento.

¿Cómo es la depresión adolescente?

La depresión en la adolescencia es difícil de detectar porque sus síntomas pueden ser diferentes a los que vemos en los adultos y a menudo se confunden con actitudes propias de la edad. En la pubertad, la depresión se parece más a la irritabilidad.

"¿Deprimido? ¡Siempre estás enfadado, tío!" Los adolescentes son más propensos a presentar irritabilidad o inquietud durante la depresión.

«¿Deprimido? ¡Siempre estás enfadado, tío!» Los adolescentes son más propensos a presentar irritabilidad, confrontaciones  o inquietud durante la depresión.

No hay una señal que indique claramente el cuadro depresivo y en cada adolescente, la depresión se expresará diferente. El diagnóstico estará basado en un conjunto de síntomas y cambios en el estado de ánimo, en el comportamiento y en el funcionamiento físico dentro de un período de tiempo.

Los adolescentes no suelen decir “estoy deprimido, quiero ir al psicólogo», lo habitual es que no pidan ayuda hasta que la situación sea grave.

Criterios diagnósticos

Un diagnóstico de depresión requiere la concurrencia de cinco (o más) de estos síntomas: Humor deprimido, pérdida de interés, pérdida o ganancia de peso (sin hacer dieta), insomnio o aumento de las horas de sueño, agitación o inhibición motrices observables, pérdida de energía, sentimientos de culpa y/o inutilidad e ideas de muerte o suicidio.

La esencia del trastorno depresivo es un estado de ánimo depresivo y/o irritable y una disminución del interés o de la capacidad para el placer.

Estos síntomas deben mantenerse durante, al menos, dos semanas y ser lo suficientemente importantes como para provocar malestar significativo o deterioro académico, social.

Algunas señales reveladoras

Las señales más reveladoras que permite detectar a los padres cuándo sus hijos podrían sufrir depresión son:

Humor deprimido: Diferenciar entre tristeza y depresión no es sencillo. Estar triste es algo común y no significa siempre estar deprimido. Cuando la tristeza altera la vida del chico, su conducta, su alimentación y sus relaciones; debemos pensar en depresión.

Pérdida de interés por lo que antes les gustaba: Si tu hijo jugaba todo el día a básquet pero ahora “pasa”, puede ser significativo. Los adolescentes no siempre destacan por su alta motivación, pero si dejan de disfrutar de las cosas que le solían gustar, puede ser revelador.

Insomnio o hipersomnia: Muchos chicos dormirían hasta mediodía. Pero si tu hijo prefiere esconderse en la cama cuando tiene actividades programadas que le gustan, tiene patrones de sueño irregulares o duerme una cantidad inusual de siestas, esto podría indicar depresión.

Ideas de muerte recurrentes: Como los adultos, los jóvenes pueden menospreciar la vida propia o ajena y llevar a cabo actividades autodestructivas.

Consumo de sustancias: Algunos adolescentes descubren en las drogas o el alcohol un alivio temporal. Pasado su efecto, el uso de tóxicos potencia el malestar.

Mala conducta: Hay una delgada línea entre el mal comportamiento adolescente típico (desafiar, buscar el límite, romper alguna norma) y la posibilidad de que tales conductas estén causadas por la depresión. ¿Con qué frecuencia se comporta así? ¿Cómo reacciona cuando se le hace recapacitar?

Síntomas físicos: Dolores de estómago o de cabeza recurrentes, cansancio extremo, tensión muscular,… sin explicación física aparente.

Aislamiento social: Muchos adolescentes se encierran en sus habitaciones, se niegan a hablar con sus padres y quieren estar solos de vez en cuando. El aislamiento social es diferente. Por ejemplo, valdrá la pena explorar por qué ha dejado de ir a patinar con sus amigos. ¿Se ha peleado con ellos? ¿Pasa tiempo con nuevos amigos?

Descenso del rendimiento escolar: Los problemas académicos frecuentemente nos indican si el chico se concentra bien o si confía en sus capacidades. Una señal de que algo va mal son las ausencias y retrasos en el instituto.

Historial familiar de depresión: ¿Alguien en la familia tiene depresión? ¿Los padres?  Vivir con adultos deprimidos no suele resultar estimulante.

Ya sea porque se enfrenta a una depresión o porque está pasando por un tramo difícil en su desarrollo, los padres tienen que estar alerta para apoyar a su hijo y distinguir qué tipo de ayuda necesita. Consultar con el médico de familia o seguir las recomendaciones de un psicólogo es un buen inicio.

La depresión en la adolescencia no es necesariamente un diagnóstico de por vida. Un tratamiento a tiempo permite resolver con éxito este momento complicado.

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¿Cómo miramos al enfermo mental?

Los días mundiales sirven para denunciar situaciones sociales injustas, dar voz a colectivos minoritarios o concienciar a la población sobre alguna problemática concreta. Así, por ejemplo, el Día de la Mujer conmemora la lucha de la mujer por participar, en igualdad de condiciones con el hombre, en la sociedad, o en el Día Internacional del Trabajador los sindicatos reivindican los derechos de la clase obrera. Hoy, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental, fecha escogida para prestar especial atención a esta parcela de la condición humana. Pero ¿por qué es necesario dedicar un día a la salud mental? El estigma que sufren los afectados por este tipo de desórdenes ya justifica esta jornada.

Algunas cifras

Según la OMS, dos de cada diez niños en el mundo, padece un trastorno mental. Entre el 15 y el 25% de los chicos europeos padecerá uno o dos trastornos mentales durante la adolescencia. Sólo en Catalunya, la Associació Contra l’Anorèxia i la Bulímia calcula que hay 28000 jóvenes con algún síntoma de desorden alimentario. También en Catalunya, los centros de salud mental atendieron en 2014 a 60000 niños y jóvenes, un 7% más respecto el año anterior. Se calcula que en el último año, un 6% de la población española ha sufrido un trastorno ansioso y otro 4% ha pasado por un proceso depresivo. La venta de hipnóticos, ansiolíticos y antidepresivos ha ido en aumento en los últimos años. Aunque se puede decir más alto, queda claro que la enfermedad mental está aquí, entre nosotros… y también en nosotros.

Otro tipo de cifras

La enfermedad mental genera muchos prejuicios.

Un informe publicado en 2009 sobre las actitudes públicas hacia las personas con enfermedad mental, reveló que el 70% de la población no dejaría que un enfermo mental estable cuidara de sus hijos. El 80% no lo querría como profesor. El 60% lo descartaría para un trabajo aunque estuviera más preparado que otro candidato. Y quizás el dato más revelador, el 65% no lo aceptaría en su grupo de amigos. Este estudio constata la percepción estigmatizada que la población tiene (tenemos) sobre la enfermedad mental y plantea una pregunta: ¿cómo es posible que estando estas patologías tan presentes en nuestras vidas sigamos entendiéndolas tan mal? El trato que han recibido por parte de los medios de comunicación sucesos puntuales, presentando al enfermo mental como una persona violenta y dañina; el olvido sufrido por el sistema acerca de este tipo de desórdenes y culpar injustificadamente al enfermo mental de su patología tienen algo que ver.

Entender la Enfermedad Mental. Entender la Salud Mental

Sorprende esta visión tan rígida acerca de la enfermedad mental cuando la salud mental no es una situación estable, si no que debemos entenderla como un continuo, siempre cambiante, entre la salud y la enfermedad y en el que es difícil distinguir entre el “enfermo” y el “sano” en la población general. Además, no debemos olvidar la importancia de los factores psicosociales de riesgo que pueden actuar como precipitantes de una crisis en caso de no poder resolver ciertas situaciones. Todos en algún momento vamos a pasar por acontecimientos vitales estresantes (el fallecimiento de un ser querido, la pérdida de empleo, la adolescencia de un hijo) y también todos podemos pasar a formar parte de un grupo de riesgo (mujeres embarazadas, chicos que fracasan en sus estudios, personas sanas que enferman gravemente).

Invitación a otra mirada

Es el momento de acercarse a la enfermedad mental, a los enfermos mentales y a sus familias, despojados de estas ideas preconcebidas. Los medios de comunicación y la industria del entretenimiento deberían informar en términos objetivos, promocionando la salud mental y los avances en el tratamiento de este tipo de patologías. Todos deberíamos plantearnos desde dónde nos acercamos al sufrimiento humano: quizás desde el miedo, el desconocimiento, la desconfianza,… y revisar nuestros prejuicios para cambiarlos por conocimiento, curiosidad y el convencimiento de que la enfermedad mental también puede afectarnos a nosotros.

Os dejo con este video de la Confederación de Salud Mental de España… y ¡feliz Día de la Salud Mental!