Luis Salar Vidal

Psicólogo

Etiqueta: psicología

Cambiar (o no)

Con permiso de septiembre, enero es el mes en el que oficialmente nos planteamos cambiar. Dejar el tabaco, aprender inglés o bajar de peso son los propósitos de Año Nuevo estrella de cada temporada. Paradójicamente, algunos estudios, y la mera experiencia, se empeñan en demostrar que sólo unos pocos escogidos alcanzan sus objetivos y que cuando esto sucede, no se sienten especialmente más felices.

¿Por qué fracasamos cuando nos proponemos cambiar?
No es el momento, no es el objetivo, no es para mí. Seguramente hay muchas variables implicadas, personales y externas, que podrían explicar el fiasco. A menudo, nos planteamos objetivos demasiado ambiciosos y poco concretos. También nos podemos proponer cambios que poco tienen que ver con nosotros o con nuestros intereses personales. Otras veces, achacamos nuestro fracaso a la motivación, o mejor dicho, a la falta de ésta.

En este gimnasio lo tienen claro. Muchos se apuntarán pero pocos irán y se quedarán.

En este gimnasio lo tienen claro. Muchos se apuntarán pero pocos irán y se quedarán.

Motivación, ¡qué bonito nombre!
Motivación es una de esas palabras del ámbito de la Psicología que se ha incorporado al lenguaje de la calle. “Este tío es un motivado”, decimos cuando vemos a alguien dispuesto a hacer algo, dando a entender que la motivación de una persona para conseguir lo que sea es un rasgo de su personalidad. Algo que está debajo de su piel y que permanece estable a través del tiempo, como el color de los ojos. O lo tienes o no lo tienes. ¿Es eso cierto? “Si mi hijo pusiera las mismas ganas a los libros que a la consola, sacaría sobresalientes”. “Debería dejar de beber, quizás pasado el verano”. “Mañana me pongo”. “En cuanto salga de aquí, voy a empezar a estudiar”. Todas son frases que he escuchado en la consulta y que dan a pensar que la motivación, o las ganas de cambiar, más que un rasgo inalterable, es un estado más o menos disponible que fluctúa en función de múltiples factores personales y externos.

Motivación: Conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona. No lo digo yo, lo dice la Real Academia Española.

“La rueda del cambio”
A principios de los ochenta, James Prochaska y Carlo DiClemente investigaron cómo y por qué cambiamos, con o sin ayuda terapéutica. Estos psicólogos llegaron a la conclusión que cambiar es un proceso compuesto de varias etapas. Nosotros transitamos, hacia delante o hacia atrás, por estas etapas hasta conseguir nuestro objetivo o no ya que este modelo también contempla que fallemos… y que lo volvamos a intentar. En función de cómo nos orientemos en cada fase y de las aportaciones que recibamos de nuestro entorno, nos acercaremos más al cambio, nos estancaremos o desistiremos en nuestro empeño. Esto explicaría por qué no sirve de nada decirle a alguien que deje de beber cuando esta persona no piensa que el uso que hace del alcohol sea problemático. Otro ejemplo sería cuando llega un adolescente a terapia y decide no explicar nada de lo que le sucede porque no está de acuerdo en asistir.

Para ilustrar su propuesta, Prockaska y DiClemente diseñaron “la rueda del cambio” donde aparecen representadas las etapas por las que pasamos cuando nos proponemos cambiar.

Para ilustrar su propuesta, Prockaska y DiClemente diseñaron “la rueda del cambio” donde aparecen representadas las etapas por las que pasamos cuando nos proponemos cambiar.

Esta propuesta de Prochaska y DiClemente responde, a mi entender, a una visión más positiva del ser humano. Si consideramos la motivación como algo interno y estable, quien no logra cambiar se convierte en poco más que “un flojo”. En cambio, si consideramos que la opción de cambiar siempre está ahí, más o menos presente, y que el entorno (familia, amigos, profesionales) también juega un papel importante, miraremos con otros ojos a quien lo está intentando. Si además entendemos que no conseguir el cambio deseado no es un fracaso absoluto, si no una etapa más del proceso, tenemos más números para alcanzar el éxito la próxima vez. Cambiar es una rueda que sigue girando esperando a que nosotros nos subamos a ella.

Mucha motivación, y algo de suerte, para este 2016. ¡Feliz año!

¿Cómo miramos al enfermo mental?

Los días mundiales sirven para denunciar situaciones sociales injustas, dar voz a colectivos minoritarios o concienciar a la población sobre alguna problemática concreta. Así, por ejemplo, el Día de la Mujer conmemora la lucha de la mujer por participar, en igualdad de condiciones con el hombre, en la sociedad, o en el Día Internacional del Trabajador los sindicatos reivindican los derechos de la clase obrera. Hoy, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental, fecha escogida para prestar especial atención a esta parcela de la condición humana. Pero ¿por qué es necesario dedicar un día a la salud mental? El estigma que sufren los afectados por este tipo de desórdenes ya justifica esta jornada.

Algunas cifras

Según la OMS, dos de cada diez niños en el mundo, padece un trastorno mental. Entre el 15 y el 25% de los chicos europeos padecerá uno o dos trastornos mentales durante la adolescencia. Sólo en Catalunya, la Associació Contra l’Anorèxia i la Bulímia calcula que hay 28000 jóvenes con algún síntoma de desorden alimentario. También en Catalunya, los centros de salud mental atendieron en 2014 a 60000 niños y jóvenes, un 7% más respecto el año anterior. Se calcula que en el último año, un 6% de la población española ha sufrido un trastorno ansioso y otro 4% ha pasado por un proceso depresivo. La venta de hipnóticos, ansiolíticos y antidepresivos ha ido en aumento en los últimos años. Aunque se puede decir más alto, queda claro que la enfermedad mental está aquí, entre nosotros… y también en nosotros.

Otro tipo de cifras

La enfermedad mental genera muchos prejuicios.

Un informe publicado en 2009 sobre las actitudes públicas hacia las personas con enfermedad mental, reveló que el 70% de la población no dejaría que un enfermo mental estable cuidara de sus hijos. El 80% no lo querría como profesor. El 60% lo descartaría para un trabajo aunque estuviera más preparado que otro candidato. Y quizás el dato más revelador, el 65% no lo aceptaría en su grupo de amigos. Este estudio constata la percepción estigmatizada que la población tiene (tenemos) sobre la enfermedad mental y plantea una pregunta: ¿cómo es posible que estando estas patologías tan presentes en nuestras vidas sigamos entendiéndolas tan mal? El trato que han recibido por parte de los medios de comunicación sucesos puntuales, presentando al enfermo mental como una persona violenta y dañina; el olvido sufrido por el sistema acerca de este tipo de desórdenes y culpar injustificadamente al enfermo mental de su patología tienen algo que ver.

Entender la Enfermedad Mental. Entender la Salud Mental

Sorprende esta visión tan rígida acerca de la enfermedad mental cuando la salud mental no es una situación estable, si no que debemos entenderla como un continuo, siempre cambiante, entre la salud y la enfermedad y en el que es difícil distinguir entre el “enfermo” y el “sano” en la población general. Además, no debemos olvidar la importancia de los factores psicosociales de riesgo que pueden actuar como precipitantes de una crisis en caso de no poder resolver ciertas situaciones. Todos en algún momento vamos a pasar por acontecimientos vitales estresantes (el fallecimiento de un ser querido, la pérdida de empleo, la adolescencia de un hijo) y también todos podemos pasar a formar parte de un grupo de riesgo (mujeres embarazadas, chicos que fracasan en sus estudios, personas sanas que enferman gravemente).

Invitación a otra mirada

Es el momento de acercarse a la enfermedad mental, a los enfermos mentales y a sus familias, despojados de estas ideas preconcebidas. Los medios de comunicación y la industria del entretenimiento deberían informar en términos objetivos, promocionando la salud mental y los avances en el tratamiento de este tipo de patologías. Todos deberíamos plantearnos desde dónde nos acercamos al sufrimiento humano: quizás desde el miedo, el desconocimiento, la desconfianza,… y revisar nuestros prejuicios para cambiarlos por conocimiento, curiosidad y el convencimiento de que la enfermedad mental también puede afectarnos a nosotros.

Os dejo con este video de la Confederación de Salud Mental de España… y ¡feliz Día de la Salud Mental!