Luis Salar Vidal

Psicólogo

Etiqueta: motivación

Las dificultades en el aprendizaje

Imagina ir a trabajar y no ser capaz de hacer tu trabajo. Ahora imagina que no puedes dejar tu empleo. Imagina que eso te pasa cada día. Así es la vida de un chico con dificultades en el aprendizaje.

Las dificultades en el aprendizaje afectan a un número considerable de estudiantes a lo largo de toda su vida académica y, a menudo, también interfieren en su comportamiento en el aula. ¿Cómo portarse bien en clase cuando uno no entiende nada?

La convivencia con los padres, la relación con los amigos, las reacciones ante los profesores y, más adelante, el trabajo, también se ven perjudicados por estos problemas. Durante la escolarización, resultan un obstáculo para escuchar, razonar, calcular, archivar y recuperar la información, escribir, leer o expresarse.

 Algunas señales de alerta son:

  •  Falta de interés por los temas relacionados con el colegio o los estudios.
  • Acoso escolar.
  • Confusión sobre lo que tiene que estudiar.
  • Bajo rendimiento.
  • Postergación de obligaciones.
  • Mal manejo del tiempo.
Niños con dificultades en el aprendizaje se sienten frustrados cuando tienen que estudiar. (Foto de: www.amenclinics.com)

Niños con dificultades en el aprendizaje se sienten frustrados cuando tienen que estudiar. (Foto de: www.amenclinics.com)

Una identificación temprana puede resultar significativamente beneficiosa. Por ejemplo, un niño al que le cuesta especialmente leer en primaria tiene más posibilidades de rendir por debajo de sus posibilidades en el instituto.

No todos los casos son iguales. Algunos alumnos siempre han tenido problemas para aprender nuevos contenidos, mientras otros lo han hecho bien durante los primeros años de escuela y han comenzado a tener problemas a medida que los cursos se iban complicando. Algunos chicos tienen problemas en algunas asignaturas pero en otras aprenden fácilmente.

Aunque habitualmente sean descritos como “vagos” o se les diga hasta la saciedad que rinden por debajo de sus posibilidades, la mayoría tienen una inteligencia normal. Una buena evaluación psicológica será útil para ver qué está pasando y qué cambios educativos se pueden aplicar.

En muchas ocasiones, chicos diagnosticados de TDAH también presentan estos problemas. También es habitual que se muestren nerviosos o inseguros ¡Imposible sentirse bien cuando uno no para de escuchar lo mal que lo hace!

También ocurre en el sentido contrario. Es posible que un chico desarrolle un cuadro de estrés como resultado de sus dificultades académicas. Es decir, un chico que tenga estas dificultades y que no esté recibiendo el tratamiento adecuado puede angustiarse ante la presión de los padres para que saque mejores notas o frustrarse ante unos profesores que no le ofrecen la ayuda que necesita. Como consecuencia, el chico puede no querer ir a la escuela o manifestar este estrés en forma de agresividad hacia un adulto o un compañero.

¿Por dónde empezamos?
Una buena evaluación nos dirá sobre qué procesos trabajar en la solución de problemas matemáticos.

Una buena evaluación nos dirá sobre qué procesos trabajar en la solución de problemas matemáticos.

La evaluación inicial es el proceso que nos informa si el alumno tiene alguna dificultad y qué objetivos se tratarán durante la reeducación. Es el primer paso en el desarrollo de una intervención que le ayude a aprender. Para ello, reunimos información de varias fuentes sobre su funcionamiento y desarrollo. Padres, profesores y otros adultos allegados informan sobre aspectos cognitivos, del comportamiento, físico, emocional y del desarrollo, entre otras áreas. Todos esos datos se usan para determinar qué necesidades educativas presenta.

La evaluación psicopedagógica quiere conseguir:

  • Identificar si hay retrasos en los aprendizajes.
  •  Detectar  qué problemas concretos tiene el niño para aprender y detectar sus puntos fuertes.
  • Planificar un programa individualizado para que aprenda.
  • Elaborar estrategias que le sean útiles para aprender.
  • Medir el progreso: ¿Está ayudando la intervención? ¿De qué manera? ¿Qué queda por mejorar?

 Las dificultades del aprendizaje más conocidas son:

Dislexia. Afecta la fluidez y la comprensión de la lectura, la escritura, la ortografía, el habla y el recuerdo. La dislexia puede afectar al aprendizaje basado en el lenguaje.

Discalculia. Es difícil para las personas con discalculia comprender los símbolos matemáticos, organizar o memorizar números. Habilidades como entender números y aprender hechos basados en matemáticas se ven afectados. 

Disgrafía. Esta dificultad dificulta escribir de forma legible, separar las palabras correctamente, deletrear, pensar y redactar al mismo tiempo, o situarse espacialmente en el papel.

 En una próxima entrada os pondré ejemplos reales sobre intervenciones reeducativas de las que se han beneficiado algunos estudiantes.

Cambiar (o no)

Con permiso de septiembre, enero es el mes en el que oficialmente nos planteamos cambiar. Dejar el tabaco, aprender inglés o bajar de peso son los propósitos de Año Nuevo estrella de cada temporada. Paradójicamente, algunos estudios, y la mera experiencia, se empeñan en demostrar que sólo unos pocos escogidos alcanzan sus objetivos y que cuando esto sucede, no se sienten especialmente más felices.

¿Por qué fracasamos cuando nos proponemos cambiar?
No es el momento, no es el objetivo, no es para mí. Seguramente hay muchas variables implicadas, personales y externas, que podrían explicar el fiasco. A menudo, nos planteamos objetivos demasiado ambiciosos y poco concretos. También nos podemos proponer cambios que poco tienen que ver con nosotros o con nuestros intereses personales. Otras veces, achacamos nuestro fracaso a la motivación, o mejor dicho, a la falta de ésta.

En este gimnasio lo tienen claro. Muchos se apuntarán pero pocos irán y se quedarán.

En este gimnasio lo tienen claro. Muchos se apuntarán pero pocos irán y se quedarán.

Motivación, ¡qué bonito nombre!
Motivación es una de esas palabras del ámbito de la Psicología que se ha incorporado al lenguaje de la calle. “Este tío es un motivado”, decimos cuando vemos a alguien dispuesto a hacer algo, dando a entender que la motivación de una persona para conseguir lo que sea es un rasgo de su personalidad. Algo que está debajo de su piel y que permanece estable a través del tiempo, como el color de los ojos. O lo tienes o no lo tienes. ¿Es eso cierto? “Si mi hijo pusiera las mismas ganas a los libros que a la consola, sacaría sobresalientes”. “Debería dejar de beber, quizás pasado el verano”. “Mañana me pongo”. “En cuanto salga de aquí, voy a empezar a estudiar”. Todas son frases que he escuchado en la consulta y que dan a pensar que la motivación, o las ganas de cambiar, más que un rasgo inalterable, es un estado más o menos disponible que fluctúa en función de múltiples factores personales y externos.

Motivación: Conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona. No lo digo yo, lo dice la Real Academia Española.

“La rueda del cambio”
A principios de los ochenta, James Prochaska y Carlo DiClemente investigaron cómo y por qué cambiamos, con o sin ayuda terapéutica. Estos psicólogos llegaron a la conclusión que cambiar es un proceso compuesto de varias etapas. Nosotros transitamos, hacia delante o hacia atrás, por estas etapas hasta conseguir nuestro objetivo o no ya que este modelo también contempla que fallemos… y que lo volvamos a intentar. En función de cómo nos orientemos en cada fase y de las aportaciones que recibamos de nuestro entorno, nos acercaremos más al cambio, nos estancaremos o desistiremos en nuestro empeño. Esto explicaría por qué no sirve de nada decirle a alguien que deje de beber cuando esta persona no piensa que el uso que hace del alcohol sea problemático. Otro ejemplo sería cuando llega un adolescente a terapia y decide no explicar nada de lo que le sucede porque no está de acuerdo en asistir.

Para ilustrar su propuesta, Prockaska y DiClemente diseñaron “la rueda del cambio” donde aparecen representadas las etapas por las que pasamos cuando nos proponemos cambiar.

Para ilustrar su propuesta, Prockaska y DiClemente diseñaron “la rueda del cambio” donde aparecen representadas las etapas por las que pasamos cuando nos proponemos cambiar.

Esta propuesta de Prochaska y DiClemente responde, a mi entender, a una visión más positiva del ser humano. Si consideramos la motivación como algo interno y estable, quien no logra cambiar se convierte en poco más que “un flojo”. En cambio, si consideramos que la opción de cambiar siempre está ahí, más o menos presente, y que el entorno (familia, amigos, profesionales) también juega un papel importante, miraremos con otros ojos a quien lo está intentando. Si además entendemos que no conseguir el cambio deseado no es un fracaso absoluto, si no una etapa más del proceso, tenemos más números para alcanzar el éxito la próxima vez. Cambiar es una rueda que sigue girando esperando a que nosotros nos subamos a ella.

Mucha motivación, y algo de suerte, para este 2016. ¡Feliz año!