No siempre es fácil para los padres entender la vocación de sus hijos. Además de la angustia por clarificar su futuro, los chicos tienen que lidiar con la presión de tener éxito… signifique ‘éxito’ lo que signifique.

Muchas veces, los jóvenes no saben qué estudiar. Todos los que hemos pasado por el trance de escoger una formación, sabemos que uno no siempre acaba eligiendo pensando en lo que le gusta, sino que lo hace por los supuestos beneficios económicos que dará tal o cual profesión.

En esto los padres lo tienen claro: prefieren que su hijo sea un ingeniero del montón a tener un apasionado artista como heredero. Muchas veces, para no herir la sensibilidad del joven, acceden a buscar soluciones intermedias. “Ni hablar de ‘Bellas Artes’. ¿Qué tal ‘Diseño Industrial’?”.

Desde la angustia, los padres preguntan ¿de qué sirve tener una profesión de la que no puedes vivir, que no paga facturas? A veces les contesto que la ingeniería ha dado de comer a muchos hombres, a la vez que les iba quitando la alegría por su trabajo.

Pienso que con las chicas, los padres son más (malévolamente) permisivos ya que a menudo la exigencia se reduce a “que trabaje, da igual de qué, pero que trabaje”. Como si trabajar, de lo que sea, fuera lo máximo a lo que su hija pudiera aspirar, sin importar sus deseos, sus capacidades o sus intereses.

A los hombres, en cambio, se nos demanda que seamos analíticos, líderes, directivos, seguros, resolutivos,… ¡exitosos! Cuando estas aptitudes sólo las tienen algunos, y algunas mujeres, claro está, y sólo puede ganar uno.

Williams y Bennet realizaron un estudio sobre lo que hombres y mujeres consideraban valores masculinos y femeninos. Los diez primeros valores masculinos escogidos por los propios hombres aparecen en la imagen.  Foto original de Lauren Mitchell.

Williams y Bennet realizaron un estudio sobre lo que hombres y mujeres consideraban valores masculinos y femeninos. Los diez primeros valores masculinos escogidos por los propios hombres aparecen en la imagen. Foto original de Lauren Mitchell.

No todos los hombres sienten interés por dirigir, vencer o resolver cualquier clase de problema. No estoy defendiendo la duda patológica o el desentenderse de las obligaciones de uno. Pero creo en el derecho de los hombres, de cualquier edad, de no saber qué hacer, sin que nos castiguen, ni castigarnos,  por ello.

Admitir nuestras limitaciones y que se nos acepte también con ellas nos humaniza y nos libera. Pedir ayuda nos rescata de tener que saberlo todo. Y todo ello nos permite aprender, descubrir, para finalmente, escoger.

Tres casos curiosos

brianmaynasa2Aunque le construyó su guitarra eléctrica, el padre de Brian May se llevó un disgusto cuando, a principios de los 70 su hijo dejó colgado su doctorado en Astrofísica para vender más 200 millones de discos con Queen. Finalmente, May defendió su tesis en 2008 y en 2015 colaboró con la NASA en su proyecto “New Horizons”.

 

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Foto de milenamphoto.

José Miguel Monzón Navarro, más conocido El Gran Wyoming, nació en el seno de una familia de farmacéuticos. Se licenció en Medicina pero abandonó su trabajo como médico para dedicarse al mundo del espectáculo. Se ha ganado la vida como humorista actor, músico, escritor y columnista. Actualmente es el presentador del programa de televisión El intermedio, en La Sexta.

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Querido por la crítica y el público, Eduardo Mendoza comenzó a escribir mientras realizaba las prácticas de Derecho. Este año ha ganado el premio Cervantes. (Foto de Piotr Drabik.

http://www.lavanguardia.com/cultura/20161201/412302281243/el-novelista-que-surgio-del-abogado.html

 

Notas:
 Williams, J.E. & Bennett, S.M. Sex Roles (1975) 1: 327. doi:10.1007/BF00287224