Luis Salar Vidal

Psicólogo

Página 3 de 3

Comprender para ser comprendido

Cuando era pequeño, en las puertas de los vagones del metro había un cartel que ponía “Dejen salir antes de entrar”. El mensaje es claro: si quieres entrar, antes, facilita la salida del que está dentro; porque cuando el otro salga, dejará libre un espacio que tú podrás ocupar. Pues bien, en la comunicación interpersonal pasa exactamente lo mismo. Para que te comprendan, antes tienes que comprender tú al otro. Os pongo un (mal) ejemplo:

… ¿y quién escucha a la hija?

– Hija, desde hace unos días te veo triste, ¿qué te pasa?
– No sé… Vas a pensar que es una tontería, mamá.
– ¡De ninguna manera! Puedes confiar en mí. Puedes explicarme lo que sea. ¿Qué te preocupa?
– Bueno, te diré la verdad, no me gusta nada lo que estoy estudiando.
– ¡¿Qué?! ¿Qué quieres decir que no te gusta lo que estás estudiando? ¡Con lo que te ha costado entrar en la carrera! ¡Y el esfuerzo que hemos hecho para pagar la matrícula! Si estudiaras más, no te pasaría eso. Fíjate en tu hermana, ella sí que aprovecha el tiempo. Mira que te lo hemos dicho veces, deja der ir con esas compañías. Le tienes que poner más ganas…

Muchas veces arreglamos las cosas con un consejo precipitado cargado de buenas intenciones. Y dedicamos poco tiempo a comprender qué le está pasando realmente al otro. Todos deberíamos llevar un cartel que dijera: “Comprenda antes de ser comprendido”. Lo que dice la madre del ejemplo es perfecto, pero no tiene nada que ver con su hija. Es probable que la joven se ponga a la defensiva y no confíe en el mensaje de su madre ¿cómo puede decir que le puedo explicar todo si no me comprende? ¿Cómo le voy a hacer caso si no sabe lo que me pasa? Es lo que puede estar pensando.

Los buenos consejos no sirven de nada si no somos capaces de entender qué le pasa al otro.

¿Y por qué sucede esto? Porque procuramos que nos entiendan antes y luego ya veremos qué hacemos con lo que nos dice el otro. Esto nos hace estar preparando una respuesta cuando nos están hablando, en vez de estar escuchando de verdad. Llevamos a nuestro terreno lo que nos explica el otro: “es terrible lo que te pasa, déjame que te cuente mi experiencia”. Esto es un ejemplo de cómo priorizamos que nos entiendan primero. Por eso muchas veces las conversaciones son monólogos disfrazados y la escucha la dejamos en modo automático.

Cuando no escuchamos de verdad al otro, las conversaciones se convierten en monólogos intercalados.

salarvidal_comprendaantesdesercomprendido

He puesto un ejemplo relacionado con la vida familiar pero estas situaciones pasan en cualquier contexto. Hace tiempo, entré en una entidad financiera cuyo eslogan te invitaba a hablar con uno de sus empleados. La persona que me atendió me ofreció, muy amablemente, un datáfono, un seguro de vida y un plan de pensiones antes de que le pudiera decir que quería abrir una simple cuenta corriente. En seguida me transmitió que para ella, y para su banco, lo importante era promocionar los productos en oferta. Lo que yo necesitara era secundario. Seguro que os habéis sentido poco tenidos en cuenta en algún momento.

En otra entrada os propondré un cambio en la forma de relacionaros basado en comprender al otro. Hasta entonces, procurad entender antes, así será más fácil que os entiendan.

3 cosas que aprendí de los trastornos alimentarios

Hola a todos. Hoy quiero compartir con vosotros algunas cosas que aprendí durante mi etapa como terapeuta en un centro oficial especializado en anorexia, bulimia y otros desórdenes alimentarios. Se trata de mi visión personal sobre tres aspectos concretos de estos trastornos que me llamaron la atención. ¿Empezamos?

La unión hace la fuerza

La unión hace la fuerza y la hace en ambos sentidos. Me explico. De vez en cuando, los medios se hacen eco del incremento del número de páginas web que de una manera u otra promocionan los trastornos alimentarios. Se escandalizan porque miles de chicas intercambian dietas sin control o ensalzan la delgadez extrema en innumerables foros, blogs y perfiles en redes sociales sin que nadie haga nada.

Titular aparecido en prensa el pasado 26 de noviembre de 2015.

Titular aparecido en prensa el pasado 26 de noviembre de 2015.

Estas chicas, los chicos aún son minoría, se sienten miembros de una comunidad cada vez más creciente. No importa la barbaridad que haga con la comida o con mi cuerpo, alguien en internet me apoyará, suelen pensar. Aunque de forma virtual, se sienten unidas en la enfermedad. Pero lo que no tardé en ver es que también existe el extremo contrario. Me refiero a la fuerza del grupo terapéutico para apoyar, comprender y acompañar en todo proceso de curación. El antídoto a los consejos macabros de la red es, en un grupo terapéutico, el compromiso con el resto de compañeras. “Si yo lo intento, tú me ayudas”. El camino es difícil pero nadie dijo que se tuviera que andar solo.

La unión hace la fuerza para lo malo y  para lo bueno. Primer aprendizaje.

Una puede querer y no querer curarse a la vez

Las chicas que luchan con sus desórdenes alimentarios se muestran ambivalentes respecto a su estado. En las sesiones se pueden escuchar frases como “Esto no puede seguir así, necesito que alguien me ayude” seguidas de “pero no sé si necesito ayuda”. Evidentemente este estado fluctuante no es exclusivo de estas chicas. Que levante la mano quien no haya pensado alguna vez en dejar de fumar, ir al gimnasio, aprender inglés,… y no lo haya hecho. Este tipo de conflicto

A veces queremos algo y su contrario.

A veces queremos algo y a la vez, no lo queremos.

tiene un papel principal durante todo el tratamiento. Las bulímicas por ejemplo, pueden reconocer los daños y los riesgos de mantenerse en el ciclo atracón-compensación pero a la vez se sienten muy atrapadas. Quieren dejar de hacerlo, pero no quieren. A menudo el entorno, y aquí también incluyo a los profesionales, interpretan este estado como una anormalidad, una falta de colaboración o una negación del problema. Y cargados de buenas intenciones, se embarcan (nos embarcamos) en dar consejos: “Deberías cambiar”. Con el tiempo me di cuenta que en estos casos, de nada sirve oponerse frontalmente. Si yo defiendo a capa y espada que deje de vomitar, la chica ambivalente encontrará razones para seguir haciéndolo… o en otras palabras: no dejará de hacerlo porque yo se lo diga. Contener esta ambivalencia, dar voz a ambas posturas y tratar con respeto este estado de indecisión parecen estrategias más efectivas.

Mi segundo aprendizaje: nadie cambia porque alguien diga que tiene que cambiar. Alguien cambia cuando se siente entendido, reconfortado y respetado… y decidido a cambiar.

Los chicos también lloran… y dejan de comer

Camuflados entre las estadísticas y prácticamente ausentes en los criterios diagnósticos están los adolescentes, varones, que padecen un desorden alimentario. Se considera que un uno de cada diez afectados por estas patologías es un chico. Seguramente el número aumenta si incluimos a los chicos que hacen algún síntoma concreto, por ejemplo: cuentan obsesivamente las calorías que ingieren, se ven débiles y flacuchos cuando son fuertes y grandes o se machacan compulsivamente en el gimnasio. Estos jóvenes, a menudo, tienen una doble lucha: contra la enfermedad y contra la creencia popular de que esto es un problema de chicas.

Lo tercero que aprendí es que los chicos también expresan con su cuerpo y la comida sus sentimientos y por supuesto, necesitan de un apoyo terapéutico como el resto de sus compañeras.

 

Aprendí mucho más y sobre todo viví muchas experiencias que iré explicando. Espero que os haya resultado interesante y os animéis a participar en los comentarios. ¡Hasta la próxima!

¿Cómo miramos al enfermo mental?

Los días mundiales sirven para denunciar situaciones sociales injustas, dar voz a colectivos minoritarios o concienciar a la población sobre alguna problemática concreta. Así, por ejemplo, el Día de la Mujer conmemora la lucha de la mujer por participar, en igualdad de condiciones con el hombre, en la sociedad, o en el Día Internacional del Trabajador los sindicatos reivindican los derechos de la clase obrera. Hoy, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental, fecha escogida para prestar especial atención a esta parcela de la condición humana. Pero ¿por qué es necesario dedicar un día a la salud mental? El estigma que sufren los afectados por este tipo de desórdenes ya justifica esta jornada.

Algunas cifras

Según la OMS, dos de cada diez niños en el mundo, padece un trastorno mental. Entre el 15 y el 25% de los chicos europeos padecerá uno o dos trastornos mentales durante la adolescencia. Sólo en Catalunya, la Associació Contra l’Anorèxia i la Bulímia calcula que hay 28000 jóvenes con algún síntoma de desorden alimentario. También en Catalunya, los centros de salud mental atendieron en 2014 a 60000 niños y jóvenes, un 7% más respecto el año anterior. Se calcula que en el último año, un 6% de la población española ha sufrido un trastorno ansioso y otro 4% ha pasado por un proceso depresivo. La venta de hipnóticos, ansiolíticos y antidepresivos ha ido en aumento en los últimos años. Aunque se puede decir más alto, queda claro que la enfermedad mental está aquí, entre nosotros… y también en nosotros.

Otro tipo de cifras

La enfermedad mental genera muchos prejuicios.

Un informe publicado en 2009 sobre las actitudes públicas hacia las personas con enfermedad mental, reveló que el 70% de la población no dejaría que un enfermo mental estable cuidara de sus hijos. El 80% no lo querría como profesor. El 60% lo descartaría para un trabajo aunque estuviera más preparado que otro candidato. Y quizás el dato más revelador, el 65% no lo aceptaría en su grupo de amigos. Este estudio constata la percepción estigmatizada que la población tiene (tenemos) sobre la enfermedad mental y plantea una pregunta: ¿cómo es posible que estando estas patologías tan presentes en nuestras vidas sigamos entendiéndolas tan mal? El trato que han recibido por parte de los medios de comunicación sucesos puntuales, presentando al enfermo mental como una persona violenta y dañina; el olvido sufrido por el sistema acerca de este tipo de desórdenes y culpar injustificadamente al enfermo mental de su patología tienen algo que ver.

Entender la Enfermedad Mental. Entender la Salud Mental

Sorprende esta visión tan rígida acerca de la enfermedad mental cuando la salud mental no es una situación estable, si no que debemos entenderla como un continuo, siempre cambiante, entre la salud y la enfermedad y en el que es difícil distinguir entre el “enfermo” y el “sano” en la población general. Además, no debemos olvidar la importancia de los factores psicosociales de riesgo que pueden actuar como precipitantes de una crisis en caso de no poder resolver ciertas situaciones. Todos en algún momento vamos a pasar por acontecimientos vitales estresantes (el fallecimiento de un ser querido, la pérdida de empleo, la adolescencia de un hijo) y también todos podemos pasar a formar parte de un grupo de riesgo (mujeres embarazadas, chicos que fracasan en sus estudios, personas sanas que enferman gravemente).

Invitación a otra mirada

Es el momento de acercarse a la enfermedad mental, a los enfermos mentales y a sus familias, despojados de estas ideas preconcebidas. Los medios de comunicación y la industria del entretenimiento deberían informar en términos objetivos, promocionando la salud mental y los avances en el tratamiento de este tipo de patologías. Todos deberíamos plantearnos desde dónde nos acercamos al sufrimiento humano: quizás desde el miedo, el desconocimiento, la desconfianza,… y revisar nuestros prejuicios para cambiarlos por conocimiento, curiosidad y el convencimiento de que la enfermedad mental también puede afectarnos a nosotros.

Os dejo con este video de la Confederación de Salud Mental de España… y ¡feliz Día de la Salud Mental!

 

Empezar

Para cualquier persona que se haya planteado comenzar algo, hay tres momentos a lo largo del año que parecen propicios para hacerlo: el mes de enero, con sus propósitos de año nuevo; el cumpleaños, sobre todo si estrenamos década; y septiembre, cuando queremos aprender inglés, perder el peso ganado durante las vacaciones o se inicia el curso escolar.

Para algunos, es una tendencia natural dejar las cosas para más adelante pero, paradójicamente,  postergar angustia.

Y aunque es difícil achacarlo a circunstancias ajenas a nosotros, confiamos en ciertas “fuerzas externas” para resolver algunos asuntos pendientes. “Sé que tengo que hacer esto y no lo hago… pero ya llegará el momento de hacerlo”.

La realidad es que las cosas no se hacen solas y el tiempo no soluciona los problemas. El iniciar, el cambiar, el hacer requieren esfuerzo, riesgos y cambios; pero sobre todo nos proponen hacernos responsables de nosotros mismos.

Aprovecho este primer post para daros la bienvenida a mi web. En el blog, iré escribiendo sobre temas relacionados con la psicología, dando voz a nuevos planteamientos pero también ofreciendo información veraz. ¡Espero que sea de vuestro interés! Me gustaría conocer vuestras opiniones sobre lo que vaya publicando. ¡Empecemos!

 

Recientes entradas »