Luis Salar Vidal

Psicólogo

Categoría: Motivos de consulta

La primera sesión

Iniciar una terapia psicológica es una gran decisión. Muchas personas se sienten intimidadas en la primera visita. Pero ¿cómo afrontarla con mayor seguridad? A continuación, explico lo que puedes esperar y cómo puedes obtener lo mejor de esa sesión y de las siguientes.

Ve preparado. Ten una idea de por qué vas y qué quieres obtener. Puede ser útil tener uno o dos objetivos en mente. Por ejemplo, ¿quiero abordar un episodio concreto de mi vida? ¿Me interesa cambiar cómo me relaciono con los demás? ¿Es normal sentirse así después de la muerte de un ser querido? Por supuesto, estas metas pueden cambiar a lo largo del proceso y aparecer otras al cabo de unas sesiones.

Pregunta. No tengas miedo a preguntar abiertamente al terapeuta sobre cómo trabaja, o qué experiencia tiene. Estás

Como en toda profesión, más que centrarnos en qué psicólogo acudir lo que va a importar más es que el profesional sea honrado y claro. (Foto: Susi Watson).

Como en toda profesión, más que centrarnos en qué psicólogo acudir lo que va a importar más es que el profesional sea honrado y claro.
(Foto: Susi Watson).

en tu derecho. Pero también investiga sobre aquello que puede hacer tu proceso más llevadero. ¿Cuánto tiempo tardo en llegar a la consulta? ¿Suele ser puntual? ¿Cuánto cuestan las sesiones? ¿Qué pasa si anulo una visita? La terapia no puede ser otro quebradero de cabeza. Este tipo de conversaciones son oportunidades para tener una impresión del terapeuta y para notar cómo nos sentimos con él. Independientemente del tipo orientación con la que trabaje, construirás una relación con el profesional que te atienda. Pero eso no significa que vaya a ser tu amigo. No obstante, el psicólogo no está allí para juzgarte y construir una buena relación con él es mejor que cualquier técnica psicológica.

Tu psicólogo quiere ayudarte. Cuando tenemos la autoestima baja podemos pensar que el profesional que nos está escuchando lo hace por obligación o porque le pagamos. No hay psicólogos entre las personas más ricas del mundo. Créeme, nadie se mete a psicólogo por dinero. Realmente queremos ayudar.

El psicólogo no tiene una varita mágica… ni una bola de cristal. Muchas preguntas que se plantean durante las primeras sesiones revelan aspectos más profundos y no se responden inmediatamente. Normalmente, nos vamos encontrando mejor a medida que vamos hablando. No siempre es fácil. La terapia requiere pensar, reinterpretar y probar formas de actuar alternativas.

Prepárate para sentir. Es normal estar nervioso la primera vez que visitas a un psicólogo. Cuando iniciamos una terapia, aparecen un montón de emociones, nos reencontramos con sentimientos que hemos estado evitando o que nunca habíamos explorado del todo. Puede que llores, no te preocupes, suele pasar; siempre tenemos pañuelos y agua a mano. También te reirás. No siempre uno sale “mejor” de una sesión pero es importante permitirse sentir toda la gama de emociones. Si te resulta difícil encontrar las palabras adecuadas, explícaselo al terapeuta, te ayudará a romper el hielo, le ayudará a entenderte. Las personas sentimos por alguna razón.

Participa activamente. Seguramente pasará algún tiempo hasta que notes alguna mejoría, con la inversión de tiempo y dinero que eso supone. Seguir una terapia supone un esfuerzo, pero también va a ser la mejor inversión que hagas. Cuanto más te involucres en el proceso, antes avanzarás. Habrá días en los que no querrás ir a la sesión. Bien, son precisamente ESAS sesiones a las que TIENES que ir porque son las más significativas. Estas dudas señalan el trabajo que queda por realizar. Los psicólogos no nos ofendemos cuando alguien nos explica que ha valorado no asistir a su cita. Es más, normalmente nos sirve para hablar sobre cómo va el proceso y hacia dónde se dirige. Por eso es importante que seas honesto. Aparentar algo que no eres o explicar algo que no sientes es una pérdida de tiempo. Tú marcas el ritmo de tu autoconocimiento. Obtendrás de la terapia lo que estés dispuesto a poner en ella.

Planea algo para después. Como vas a sentir muchas cosas, tómate un tiempo para procesar lo ocurrido en la sesión:

No recomiendo una sesión en medio de dos reuniones importantes de trabajo o antes de un examen. Foto de Elise Forest.

No recomiendo una sesión en medio de dos reuniones importantes de trabajo o antes de un examen. Foto de Elise Forest.

lee un libro, vete a tomar un café, vuelve caminando a casa,… haz algo que te permita seguir cuidando de ti.

Pruébalo y disfruta del proceso. Suena raro, lo sé, pero es fascinante lo que podemos aprender de nosotros mismos durante la terapia, cómo cambia la forma de entender nuestro pasado o relacionarnos. En el transcurso de las sesiones uno crece y aprende y acaba transformándose en alguien ligeramente diferente: más sano, más feliz y emocionalmente estable. Es un proceso.

Bonus: Y no, no es como las películas. No esperes tumbarte en un diván y que un señor con barba te pregunte sobre tu primer recuerdo.

Acudir al psicólogo por primera vez pude ser difícil. Pero una vez tomada la decisión, es importante estar tranquilo y confiar en nuestra capacidad de comunicar lo que nos ha llevado a pedir ayuda.

Espero que leer este texto te haya ayudado a sentirte más seguro. También se lo puedes recomendar a alguien que se esté planteando dar este paso.

 

Depresión en la adolescencia

La depresión es un trastorno que puede darse en todas las edades, también en la adolescencia. Es importante que los padres puedan detectar su presencia ya que un diagnóstico y tratamiento precoces disminuyen su posterior aparición.
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Según la OMS, la depresión es la primera causa de enfermedad y discapacidad entre los adolescentes.

Aún hoy existe el mito de que la adolescencia es una etapa feliz y libre de cargas. Pero lo cierto es que la depresión también puede arrancar en la pubertad pasando desapercibida.

No hay datos oficiales de cuántos menores están deprimidos. Según la Sociedad de Psiquiatría Infantil, en España, la prevalencia del trastorno se sitúa en torno al 6% en adolescentes,

Algunas entidades dedicadas a la salud del menor afirman que atienden ahora a más chicos. Además, si tiempo atrás los jóvenes consultaban sobre los 20 años, ahora la mayoría de adolescentes piden ayuda entre los 13 y los 15, siendo las chicas el doble que los chicos.

Los cambios en las estructuras familiares, el aumento de las desigualdades económicas por la crisis y las diferencias entre expectativa y realidad podría explicar este incremento.

¿Cómo es la depresión adolescente?

La depresión en la adolescencia es difícil de detectar porque sus síntomas pueden ser diferentes a los que vemos en los adultos y a menudo se confunden con actitudes propias de la edad. En la pubertad, la depresión se parece más a la irritabilidad.

"¿Deprimido? ¡Siempre estás enfadado, tío!" Los adolescentes son más propensos a presentar irritabilidad o inquietud durante la depresión.

«¿Deprimido? ¡Siempre estás enfadado, tío!» Los adolescentes son más propensos a presentar irritabilidad, confrontaciones  o inquietud durante la depresión.

No hay una señal que indique claramente el cuadro depresivo y en cada adolescente, la depresión se expresará diferente. El diagnóstico estará basado en un conjunto de síntomas y cambios en el estado de ánimo, en el comportamiento y en el funcionamiento físico dentro de un período de tiempo.

Los adolescentes no suelen decir “estoy deprimido, quiero ir al psicólogo», lo habitual es que no pidan ayuda hasta que la situación sea grave.

Criterios diagnósticos

Un diagnóstico de depresión requiere la concurrencia de cinco (o más) de estos síntomas: Humor deprimido, pérdida de interés, pérdida o ganancia de peso (sin hacer dieta), insomnio o aumento de las horas de sueño, agitación o inhibición motrices observables, pérdida de energía, sentimientos de culpa y/o inutilidad e ideas de muerte o suicidio.

La esencia del trastorno depresivo es un estado de ánimo depresivo y/o irritable y una disminución del interés o de la capacidad para el placer.

Estos síntomas deben mantenerse durante, al menos, dos semanas y ser lo suficientemente importantes como para provocar malestar significativo o deterioro académico, social.

Algunas señales reveladoras

Las señales más reveladoras que permite detectar a los padres cuándo sus hijos podrían sufrir depresión son:

Humor deprimido: Diferenciar entre tristeza y depresión no es sencillo. Estar triste es algo común y no significa siempre estar deprimido. Cuando la tristeza altera la vida del chico, su conducta, su alimentación y sus relaciones; debemos pensar en depresión.

Pérdida de interés por lo que antes les gustaba: Si tu hijo jugaba todo el día a básquet pero ahora “pasa”, puede ser significativo. Los adolescentes no siempre destacan por su alta motivación, pero si dejan de disfrutar de las cosas que le solían gustar, puede ser revelador.

Insomnio o hipersomnia: Muchos chicos dormirían hasta mediodía. Pero si tu hijo prefiere esconderse en la cama cuando tiene actividades programadas que le gustan, tiene patrones de sueño irregulares o duerme una cantidad inusual de siestas, esto podría indicar depresión.

Ideas de muerte recurrentes: Como los adultos, los jóvenes pueden menospreciar la vida propia o ajena y llevar a cabo actividades autodestructivas.

Consumo de sustancias: Algunos adolescentes descubren en las drogas o el alcohol un alivio temporal. Pasado su efecto, el uso de tóxicos potencia el malestar.

Mala conducta: Hay una delgada línea entre el mal comportamiento adolescente típico (desafiar, buscar el límite, romper alguna norma) y la posibilidad de que tales conductas estén causadas por la depresión. ¿Con qué frecuencia se comporta así? ¿Cómo reacciona cuando se le hace recapacitar?

Síntomas físicos: Dolores de estómago o de cabeza recurrentes, cansancio extremo, tensión muscular,… sin explicación física aparente.

Aislamiento social: Muchos adolescentes se encierran en sus habitaciones, se niegan a hablar con sus padres y quieren estar solos de vez en cuando. El aislamiento social es diferente. Por ejemplo, valdrá la pena explorar por qué ha dejado de ir a patinar con sus amigos. ¿Se ha peleado con ellos? ¿Pasa tiempo con nuevos amigos?

Descenso del rendimiento escolar: Los problemas académicos frecuentemente nos indican si el chico se concentra bien o si confía en sus capacidades. Una señal de que algo va mal son las ausencias y retrasos en el instituto.

Historial familiar de depresión: ¿Alguien en la familia tiene depresión? ¿Los padres?  Vivir con adultos deprimidos no suele resultar estimulante.

Ya sea porque se enfrenta a una depresión o porque está pasando por un tramo difícil en su desarrollo, los padres tienen que estar alerta para apoyar a su hijo y distinguir qué tipo de ayuda necesita. Consultar con el médico de familia o seguir las recomendaciones de un psicólogo es un buen inicio.

La depresión en la adolescencia no es necesariamente un diagnóstico de por vida. Un tratamiento a tiempo permite resolver con éxito este momento complicado.

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Unas palabras sobre el duelo

Aunque persista la idea de que las personas que van a terapia “están locas”, la realidad es que normalmente los psicólogos atendemos a personas corrientes que se enfrentan a situaciones comunes de la vida, como por ejemplo, la pérdida de un ser querido.

El término duelo tiene diversos significados. Lo utilizamos para indicar la experiencia de la persona que ha perdido a un ser querido. También se puede aplicar a otros tipos de pérdida: de pareja, de empleo, de salud,… Otro significado se refiere al proceso por el que pasamos hasta adaptarnos a la pérdida de una persona amada.

El duelo abarca un amplio rango de sentimientos que pueden ir desde la pena profunda hasta la sensación de liberación. El proceso de adaptación a la pérdida puede variar drásticamente de una persona a otra en función de la relación que tenía con el fallecido, las circunstancias de la muerte, la edad del difunto y otros factores como las pérdidas previas o la fe.

Sentimientos, pensamientos, comportamientos

Normalmente asociamos el duelo con sentimientos de tristeza, añoranza, culpabilidad, rabia,… Algunas personas pueden sentirse incapaces de sentir y experimentar la vida como un sinsentido. Otras se verán aliviadas. Las emociones a menudo nos sorprenden por su intensidad y pueden confundirnos cuando, por ejemplo, añoramos a alguien con quien manteníamos una relación dañina.

Los pensamientos durante el proceso de duelo pueden ir desde “cómo ha podido pasar” a cuestionarse

Aunque no hay una forma correcta de experimentar una pérdida, algunas actitudes y comportamientos pueden resultar de más ayuda que otros.

Aunque no hay una forma correcta de experimentar una pérdida, algunas actitudes y comportamientos pueden resultar de más ayuda que otros.

obsesivamente sobre lo que se habría podido haber hecho para evitar la muerte. Algunos mensajes pueden consolar (“tuvo una buena vida”) o angustiar al doliente (“se ha ido muy pronto”). Este ir y venir de pensamientos es un intento de dar sentido a la pérdida.

Las personas que atraviesan un duelo pueden pasar del llanto a la risa, de compartir sus sentimientos a aislarse en actividades solitarias. Algunas personas se encuentran cómodas en compañía de otros, especialmente si estos también han pasado por una pérdida, otras preferirán estar a solas con sus sentimientos.

 El proceso de duelo

Aunque cada uno de nosotros pasa el duelo a su manera y se toma el tiempo que necesita, diversos autores han intentado abordar este proceso como si fueran etapas, otros como si fueran fases y algunos hablan de tareas del duelo. En general, todos están de acuerdo en que en el duelo se observan diversos momentos: shock, negación e ira, pena, la elaboración en sí misma y reparación.

Este proceso no es lineal, es decir, las personas van y vienen de un momento a otro. El duelo se da por acabado cuando se ha pasado por todas las fases, cuando podemos pensar y hablar de la persona difunta sin un dolor extremo y cuando volvemos a interesarnos por lo que nos rodea.

Algunos retomarán sus actividades habituales en seis meses, aunque sigan teniendo momentos de tristeza. Otros se comenzarán a sentir mejor más tarde, y, a veces, algunas personas pasarán años desconsoladas.

 El duelo se complica

Uno nunca se recupera del todo de una pérdida pero el tiempo mitiga su intensidad. Hablamos de duelo complicado cuando este proceso interfiere en el funcionamiento habitual de la persona, cuando se extiende en un largo periodo de tiempo, cuando se inicia tiempo después de la muerte, cuando la intensidad del sufrimiento incapacita a la persona o ésta presenta síntomas físicos y psicológicos sin ser consciente de la relación que guardan con la pérdida.

Los síntomas del duelo complicado son casi idénticos a las reacciones normales pero se diferencian en intensidad y duración. Aunque cada uno necesita su tiempo y siente a su manera, cuando el malestar emocional no encuentra alivio, hace un año o más que la persona se siente así y el dolor impide volver a las actividades cotidianas, hay que considerar que el duelo se esté complicando.

El duelo nos propone a volver al día a día conviviendo con la ausencia.

En resumen, enfrentarse a la muerte de un ser querido es una cuestión muy compleja y se vive de muchas formas diferentes. Salvo casos concretos, todas las reacciones ante la pérdida son igual de válidas y deben aceptarse.

A menudo, elaborar una pérdida es una tarea complicada y puede requerir ayuda profesional. En otra entrada os explicaré cómo ayudamos los psicólogos a las personas que pasan por este proceso.