Hola a todos. Hoy quiero compartir con vosotros algunas cosas que aprendí durante mi etapa como terapeuta en un centro oficial especializado en anorexia, bulimia y otros desórdenes alimentarios. Se trata de mi visión personal sobre tres aspectos concretos de estos trastornos que me llamaron la atención. ¿Empezamos?

La unión hace la fuerza

La unión hace la fuerza y la hace en ambos sentidos. Me explico. De vez en cuando, los medios se hacen eco del incremento del número de páginas web que de una manera u otra promocionan los trastornos alimentarios. Se escandalizan porque miles de chicas intercambian dietas sin control o ensalzan la delgadez extrema en innumerables foros, blogs y perfiles en redes sociales sin que nadie haga nada.

Titular aparecido en prensa el pasado 26 de noviembre de 2015.

Titular aparecido en prensa el pasado 26 de noviembre de 2015.

Estas chicas, los chicos aún son minoría, se sienten miembros de una comunidad cada vez más creciente. No importa la barbaridad que haga con la comida o con mi cuerpo, alguien en internet me apoyará, suelen pensar. Aunque de forma virtual, se sienten unidas en la enfermedad. Pero lo que no tardé en ver es que también existe el extremo contrario. Me refiero a la fuerza del grupo terapéutico para apoyar, comprender y acompañar en todo proceso de curación. El antídoto a los consejos macabros de la red es, en un grupo terapéutico, el compromiso con el resto de compañeras. “Si yo lo intento, tú me ayudas”. El camino es difícil pero nadie dijo que se tuviera que andar solo.

La unión hace la fuerza para lo malo y  para lo bueno. Primer aprendizaje.

Una puede querer y no querer curarse a la vez

Las chicas que luchan con sus desórdenes alimentarios se muestran ambivalentes respecto a su estado. En las sesiones se pueden escuchar frases como “Esto no puede seguir así, necesito que alguien me ayude” seguidas de “pero no sé si necesito ayuda”. Evidentemente este estado fluctuante no es exclusivo de estas chicas. Que levante la mano quien no haya pensado alguna vez en dejar de fumar, ir al gimnasio, aprender inglés,… y no lo haya hecho. Este tipo de conflicto

A veces queremos algo y su contrario.

A veces queremos algo y a la vez, no lo queremos.

tiene un papel principal durante todo el tratamiento. Las bulímicas por ejemplo, pueden reconocer los daños y los riesgos de mantenerse en el ciclo atracón-compensación pero a la vez se sienten muy atrapadas. Quieren dejar de hacerlo, pero no quieren. A menudo el entorno, y aquí también incluyo a los profesionales, interpretan este estado como una anormalidad, una falta de colaboración o una negación del problema. Y cargados de buenas intenciones, se embarcan (nos embarcamos) en dar consejos: “Deberías cambiar”. Con el tiempo me di cuenta que en estos casos, de nada sirve oponerse frontalmente. Si yo defiendo a capa y espada que deje de vomitar, la chica ambivalente encontrará razones para seguir haciéndolo… o en otras palabras: no dejará de hacerlo porque yo se lo diga. Contener esta ambivalencia, dar voz a ambas posturas y tratar con respeto este estado de indecisión parecen estrategias más efectivas.

Mi segundo aprendizaje: nadie cambia porque alguien diga que tiene que cambiar. Alguien cambia cuando se siente entendido, reconfortado y respetado… y decidido a cambiar.

Los chicos también lloran… y dejan de comer

Camuflados entre las estadísticas y prácticamente ausentes en los criterios diagnósticos están los adolescentes, varones, que padecen un desorden alimentario. Se considera que un uno de cada diez afectados por estas patologías es un chico. Seguramente el número aumenta si incluimos a los chicos que hacen algún síntoma concreto, por ejemplo: cuentan obsesivamente las calorías que ingieren, se ven débiles y flacuchos cuando son fuertes y grandes o se machacan compulsivamente en el gimnasio. Estos jóvenes, a menudo, tienen una doble lucha: contra la enfermedad y contra la creencia popular de que esto es un problema de chicas.

Lo tercero que aprendí es que los chicos también expresan con su cuerpo y la comida sus sentimientos y por supuesto, necesitan de un apoyo terapéutico como el resto de sus compañeras.

 

Aprendí mucho más y sobre todo viví muchas experiencias que iré explicando. Espero que os haya resultado interesante y os animéis a participar en los comentarios. ¡Hasta la próxima!