socrates_salarvidalSócrates ya lo tenía claro hace 2500 años: algo pasa con los jóvenes. ¿Cómo son los adolescentes? ¿Qué necesitamos saber los adultos para relacionarnos con los ellos? En la entrada de hoy quiero destacar tres aspectos de la adolescencia que me parecen claves para entender esta etapa del desarrollo humano.

Mitad niño, mitad adulto: adolescente

Para la OMS la adolescencia comienza a los 10 años y acaba a los 19. Dicho con otras palabras: la adolescencia comienza cuando dejamos de ser niños y termina cuando empezamos a ser adultos. Algunos expertos consideran que las niñas comienzan a ser adolescentes cuando aparece la primera menstruación. Y dejamos de serlo cuando somos personas independientes, autónomas y con capacidad para comprometernos con proyectos que van más allá de nosotros.

El adolescente ha dejado de ser niño sin ser todavía adulto.

Esta transición no ocurre de la noche a la mañana y durante algún tiempo convivirán aspectos infantiles con aspectos adultos. Por eso los adolescentes parecen razonar como adultos pero, emocionalmente, funcionan aún como niños. Por ejemplo, J., de 15 años, vive con su madre desde que sus padres se divorciaron. En una misma tarde J. pasa de pedirle “mimitos” a llamarla “amargada” porque no lo deja salir un rato más. En este caso, J. ha percibido la situación de la madre como un adulto (mi madre está triste, irritable, angustiada,… desde que mi padre se fue) pero no ha medido las consecuencias de sus palabras (¿cómo se sentirá mi madre si le llamo amargada?, ¿mi madre necesita escucharlo?, ¿no hay otra forma de transmitirle mi enfado?). Estas reacciones desconciertan, comprensiblemente, a los adultos.

La tarea: construirme una identidad… y volver

Entre los problemas de matemáticas y los deberes de historia, los adolescentes tienen una tarea que cumplir: construirse una identidad. Pero no puede ser una identidad cualquiera. Tiene que ser una con la que se identifique positivamente (este soy yo, esto es lo que hago, esto es lo que me gusta,… y así está muy bien) y que le transmita sensación de seguridad. Su identidad infantil se le ha quedado pequeña, su cuerpo ha cambiado, no quiere ser tratado como un niño y sus padres ya no son ideales. Ahora el adolescente tiene que adaptarse e integrar los cambios en su cuerpo, en su forma de pensar, en sus emociones, en sus relaciones,… El primer paso será rebelarse contra los adultos, sus valores y las ideas recibidas de ellos. El segundo, quejarse de la falta de comprensión de sus padres y de los ataques que reciben por su parte en contra de su independencia. ¿Dónde “consigue” el adolescente su identidad?

A la izquierda, cómo veía a mi padre cuando tenía 8 años. A la derecha, cómo lo veo cuando tengo 18.

A la izquierda, cómo veía a mi padre cuando tenía 8 años. A la derecha, cómo lo veo cuando tengo 18.

Friends: I’ll be there for you

El adolescente contacta con otras personas fuera de la familia que le ayudan a configurar su nueva identidad. Aunque algunos serán adultos (una profesora carismática, un deportista de élite), estos no podrán igualar al grupo de iguales: los amigos, la pandilla, los colegas.

“Pasan todo el día juntas en clase y cuando llega a casa, sigue hablando con ella por el móvil, ¿qué se dirán?” Una madre sorprendida.

Estoy seguro de que el joven Sócrates departía con sus amistades por las calles de Atenas, hoy además de quedar y hablar, chatearía, le daría “like” y comentaría en el muro de sus amigos sobre temas mundanos y elevados. En ocasiones los adolescentes “traen a casa” las opiniones de los amigos, a veces para tantear el terreno (“digo que V. se va a hacer un piercing y en función de la respuesta, digo que yo también quiero uno”), a veces para poner en boca de otro lo que le da miedo decir a él (“P. dice que estudiar no sirve para nada”).

Hay adultos que saben relacionarse bien con los adolescentes casi por instinto. Pero pienso que no hay que dejar en manos del azar cómo nos dirigimos a ellos. Conocer y entender las características de esta etapa, nos ayudará a comunicarnos con ellos.